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D.n Armando Fuentes Aguirre escribió en el periódico (28/08/2024) ♦ Triste ♦ E stoy triste. No se me tome a mal esta declaración. Parece cosa impropia de un editorialista dar a conocer públicamente ésos que en otros ámbitos más líricos se llamarían “los sentimientos de su corazón”. Pero mis cuatro lectores son tan cercanos a mí, y tan bondadosos, que no dudo en compartir con ellos mis desolaciones y mis alegrías. Estoy triste porque veo que se derrumba la casa en que nací y donde he vivido y espero morir: México. La está destruyendo un hombre con delirios de grandeza rodeado de una corte de vasallos que en el fondo saben que las medidas que el caudillo dicta atentan contra la Nación, pero no se oponen a ellas por interés personal, y aun las aplauden servilmente. Desoyen, o escuchan con desdén, las voces razonables que se oponen a esas aberraciones, causantes de la ruina del país. Por eso miro con tristeza el aplastamiento de la Constitución, la defenestración de las instituciones autónomas, el trono en que se sienta el prepotente dictador sobre los escombros de la República. No hay hipérbole ni melodrama en lo que digo. Hay realidad. Lo admiten en secreto incluso los más untuosos aduladores del cacique. No ignoran que México va rumbo al abismo, y que en el próximo sexenio el autócrata seguirá mandando sobre la mandataria, atada por los dispositivos que urdió ese hombre, López Obrador, para seguir ejercitando su poder: la revocación de mandato y la amenaza de las fuerzas armadas, que no pertenecen ya a la patria, sino al hombre de la 4T, quien se adueñó de ellas otorgándoles corruptoras dádivas y concesiones fuera de la ley. De ahí mi tristeza, más propia de mi edad que la rabia o que la indignación. Muchas cosas le ha robado AMLO a este país: la democracia, la legalidad, el orden, la seguridad, la protección a la salud de sus habitantes, el derecho de los niños y jóvenes a una buena educación. A mí me ha robado la esperanza en un México mejor para mis hijos y mis nietos. Me ha arrebatado también una vejez tranquila, pues los días que me quedan serán ensombrecidos por ese maximato que ya nada ni nadie puede disfrazar. Estamos viendo el fin de la nación. Su ruina se consumará en septiembre, cuando la corte del monarca apruebe en el Senado la desquiciada iniciativa para hacer de la judicatura un zoco populista al servicio del Ejecutivo y de los delincuentes. Uno de sus pedestres cortesanos dijo que la reforma judicial es un regalo que le dan a López. Lo que en verdad le están entregando es el país. ¿No tengo entonces motivo para la tristeza?...◙ ⇧SUPRA⇧ |
28 agosto, 2024
27 agosto, 2024
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D.n Enrique Gómez Orozco escribió en el periódico (27/08/2024) ♦ Matar el mérito es una traición ♦ A un mes del final del mandato de López Obrador estamos cansados de tanto encono y división. El país marcha hacia el autoritarismo y de regreso a la histórica “dictadura perfecta” que bien definió Mario Vargas Llosa cuando el PRI era todopoderoso. Ese cansancio nace de la irracionalidad de un gobierno que no vio por la República, por el conjunto de ciudadanos, por el futuro de la nación. Desde antes de que iniciara el sexenio se impusieron decisiones que destruyeron y erosionaron el patrimonio nacional. El daño fue múltiple porque se comprometió la siguiente década con el diseño de un presupuesto insostenible, con obras de enorme despilfarro y el abandono de los pilares del futuro: dañaron la educación, la salud pública, la infraestructura, la seguridad, la confianza en la inversión y la impartición de justicia; el país, cansado, espera un cambio real. Bien lo sugiere el prestigioso diario The Washington Post en su editorial de ayer. Por la fatiga existe la tentación de capitular, de entrar al fatalismo y el abandono ante la impotencia de ver como se destruye lo que tantos años y esfuerzo costó construir. Sin embargo, las cosas pueden cobrar un giro inesperado. Los miembros del Poder judicial, a quienes se les quiere barrer por una venganza, pueden en su rebeldía, lograr que millones de mexicanos construyan un nuevo movimiento por la República. Un nuevo partido. Porque una cosa es la injusta repartición de curules en el Congreso y otra es la destrucción del Poder judicial independiente. El Poder Ejecutivo, aun en México, tiene límites. Si el gobernante no lo entiende, puede caer en el exceso. Cuando eso sucede, los pueblos se rebelan como hoy sucede en Venezuela. Sí, estos años han sido difíciles por la pandemia, la incertidumbre y la visión de un país que se consume a sí mismo, sin crecimiento y con grandes nubarrones en el horizonte. Lo peor, vemos que el capital humano de mayor mérito se tira por la borda para emplear a inempleables, a dóciles militantes del régimen cuyo único valor es la ignorancia leal. En nuestro suelo se escucha la bota militar como solución a todo. Un signo ominoso de quien gobierna, de quien juró nunca militarizar al país. El tamaño de la destrucción judicial lo conocen Ricardo Monreal, Olga Sánchez, Marcelo Ebrard, Mario Delgado. También Claudia, nuestra presidenta electa. Lo saben los gobernadores de Morena, los diputados y los senadores de todos los partidos. En vergonzosa hilera renuncian a sus principios, a sus conocimientos. Todos siguen el guion falaz de la mejora imposible en los juzgadores. Cualquiera que haya estudiado una carrera, no solo la de Derecho, entiende que la pérdida de la meritocracia es la derrota de un país. Veamos a Cuba, Nicaragua y Venezuela, hundidos en dictaduras que producen miseria y la pérdida de libertades. Si en México o en cualquier lugar del mundo no gobiernan los más preparados, los que lucharon por aprender, crecer y avanzar en la vida; los que tienen el mérito, las consecuencias serán fatales. Nadie permitiría que un enfermero o un camillero realizara una cirugía de un especialista. Nadie le encargaría el cálculo y el diseño de un edificio de 50 pisos a un pasante de ingeniería. Imaginen al PJ con puras Lenias Batres. Literalmente entramos al “desamparo” judicial. Eso lo saben en Morena, pero prefieren traicionar a la patria antes que alzar la voz. La historia los marcará para siempre si destrozan al PJ. ◙ ⇧SUPRA⇧ |
26 agosto, 2024
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D.n Sergio Sarmiento escribió en el periódico (26/08/2024) ♦ Viejo revolucionario ♦ ¿Q ué pasó con el Andrés Manuel López Obrador que decía que iba a hacer una revolución pacífica? ¿El que protestaba contra las elecciones inequitativas de los ochenta y noventa y peleaba contra el partido hegemónico? ¿El que rechazaba la cláusula de gobernabilidad porque daba una sobrerrepresentación al PRI-gobierno en el Congreso? ¿El que aplaudía en 1997, como presidente del PRD, que con la reforma electoral de 1996 “no sólo dejó el IFE de depender de Gobernación, se cortó el cordón umbilical, sino que ya el órgano de dirección del IFE se formó tomando en consideración la opinión de los partidos de oposición”? ¿El que prometió al poder judicial “y a todos los integrantes de las entidades autónomas del Estado”, al recibir la constancia como presidente electo del Tribunal Electoral en agosto de 2018, que “no habré de entrometerme de manera alguna en las resoluciones que únicamente a ustedes competen”? En 2017 López Obrador declaró en Guadalajara: “No les va a funcionar su campaña de decir que soy como el finado Hugo Chávez o como Maduro”. Efectivamente, no les funcionó. Andrés Manuel fue electo presidente el 2 de julio de 2018. Chávez cambió la constitución de Venezuela en 1999, el año siguiente de su elección, y disolvió la Corte Suprema de Justicia para instaurar un Tribunal Supremo de Justicia completamente supeditado a su persona. López Obrador, en cambio, ha esperado hasta su último año de gobierno para hacer los cambios constitucionales que Chávez realizó desde un principio. Quizá la espera se debió a que en México había todavía una oposición y un poder judicial independiente que le rechazaron acciones y leyes inconstitucionales. Esto llevó al presidente a deplorar las decisiones de los jueces, a quienes advirtió: “y que no me salgan con el cuento de que la ley es la ley”. Anunció en 2023 que propondría ministros de la Suprema Corte absolutamente obedientes a sus órdenes: “Voy a empezar a ver a quien propongo, a ver si tengo suerte y le atino, porque he propuesto cuatro y dos salieron ‘conservas’”. Por eso nombró directamente, sin molestarse siquiera por lograr la aprobación del Senado, a Lenia Batres, una incondicional. Pero ya ni siquiera eso es suficiente. López Obrador decidió cumplir su amenaza del 1 de septiembre de 2006: “Ya decidimos hacer a un lado esas instituciones caducas que no sirven para nada e impulsar una revolución de las conciencias para que el pueblo decida. ¡Que se vayan al diablo con sus instituciones!”. Como presidente ha maniobrado con paciencia para colocar a incondicionales en organismos del Estado, como el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral, con el fin de eliminarlos. El INE ya le ha aprobado una mayoría calificada en la Cámara de Diputados, a pesar de una reforma electoral que él mismo apoyó en 1996 para hacerlo supuestamente imposible. En el Tribunal Electoral tiene asegurada una mayoría leal de tres votos contra dos, para lo cual ha impedido el nombramiento de los dos nuevos magistrados que ordena la Constitución. Con su mayoría calificada el presidente tiene ya el poder de hacer lo que quiera con la Constitución y las leyes. Es un retorno a los tiempos del partido hegemónico. Si quisiera, podría cambiar la Constitución para permitir su reelección, como hizo Chávez, pero ha preferido dejarle el poder a otra incondicional, que si cambia de rumbo tendrá que enfrentar una revocación de mandato. Desde 1997 hemos tenido alternancia de partidos en el poder, una judicatura independiente, organismos reguladores autónomos y una discusión intensa y relevante en el Congreso. Todo eso terminará a partir de este 1 de septiembre. Regresaremos a un sistema de partido único y a una presidencia con poderes absolutos. Andrés Manuel ha pasado de revolucionario a opresor. ◙ ⇧SUPRA⇧ |
25 agosto, 2024
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D.n Gabriel Zaid escribió en (25/08/2024) ♦ Frente a la violencia ♦ L a violencia es milenaria, pero no insuperable. Konrad Lorenz (Sobre la agresión: el pretendido mal) cree lo contrario, que la agresión es inseparable del mundo animal, al cual pertenece la especie humana. Pero la evolución no es uniforme en todas las especies. Los elefantes han llegado a desarrollar sentimientos de duelo por la muerte de uno de los suyos. El lobo ha llegado a ser el mejor amigo del hombre. El hombre pasó de la evolución biológica a la histórica. Históricamente, la violencia humana ha ido perdiendo prestigio. Ejemplo mínimo: “La letra con sangre entra” fue una máxima pedagógica respetable, y dejó de serlo. Ejemplo máximo: la guerra, que hasta principios del siglo xx tenía el prestigio de lo heroico y glorioso, se desprestigió con las nada heroicas armas químicas y atómicas, y con la violación del tabú: “No matarás a la población civil”. La violencia tuvo prestigio y lo ha ido perdiendo, porque es una regresión al mundo animal y a los espectáculos crueles como diversión. El festejo romano de la violencia gladiatoria fue política oficial (dar al pueblo “pan y circo”), hasta que se volvió inaceptable. No ha desaparecido el trato abusivo a los hijos, los menores, las mujeres, los subordinados, los inmigrantes, los vencidos. Pero ya no es fácil encontrar leyes que lo autoricen. El progreso moral es un hecho histórico. Hay que violencia. Es fácil o difícil, según el tipo de violencia. 1.- La violencia contra mujeres y menores es abominable, pero su carácter íntimo dificulta la intervención. La iniciativa tiene que partir de las víctimas. Preventivamente, lo ideal sería educar a las jóvenes en una actitud de “tolerancia cero”: al primer golpe, se acaba la relación. Una vez que la víctima acepta convivir con un cobarde prepotente, la tolerancia se vuelve complicidad. No queda más salida que escapar con los hijos, si éstos no escapan antes a la calle. Hacen falta refugios transitorios para mujeres y niños. Y en los casos de infanticidio o feminicidio, facilitar legalmente la intervención de los deudos para que denuncien y presionen por el castigo. También hay que ridiculizar la prepotencia y el machismo. En la tradición de que sólo el Estado tiene derecho a matar, la víctima es un daño colateral, por lo general desatendido, puesto que la verdadera “víctima” es el Estado. 2.- La delincuencia organizada es otro caso difícil, por una razón distinta: porque se parece mucho al Estado. Tiene éxito al imponer el monopolio de la violencia en un territorio, que considera suyo y disputa con los entrometidos. Tiene quizá 175,000 personas ocupadas en México (Science, 21 Sep. 2023). No es fácil enfrentar ese ejército, que ya está en casa. Hay que combatir legalmente a sus proveedores de armas y vigilar las aduanas. Hay que concentrarse en los municipios más fácilmente recuperables del control narco. 3.-Lo más fácil de todo es quitarles el control de las prisiones federales. Son focos de violencia, injusticia, inseguridad, asaltos, golpizas, robos, extorsiones, torturas, violaciones, asesinatos, motines y fugas. Pero ocupan un territorio mínimo, cerrado y fácilmente controlable. Transitoriamente, deberían quedar a cargo de la Guardia Nacional. Una vez saneadas, las entregaría a Gobernación, sin llevarse al personal que tomó el control: volviéndolo civil. Con cárceles dignas de un Estado de derecho, habría una buena base en la lucha contra la violencia. Además, destruiría la industria de la extorsión telefónica, que opera desde las cárceles. 4.- El alumbrado público, las cámaras de seguridad y las patrullas han demostrado su eficacia para reducir el crimen en las calles. El recurso preventivo fundamental es el alumbrado. Aprovechándolo, las cámaras permiten pasar de la prevención a la intervención, cuando la violencia se produzca, avisando a las patrullas. Hace falta, además, una estrategia conjunta de las acciones federales, estatales y municipales contra la delincuencia. 5.- Garantizar la seguridad de la población no es uno de los servicios del Estado, es su razón de ser. Si no hay seguridad, no hay Estado. Según el Fragile States Index 2024, Noruega es el Estado menos frágil del mundo (lugar 179), Somalia es el más (lugar 1). México ocupa el lugar 83, el punto medio entre los Estados fallidos y los Estados fuertes. ◙ ⇧SUPRA⇧ |
24 agosto, 2024
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D.n Jorge Volpi escribió en (24/08/2024) ♦ Autosabotaje ♦ M enos del 0.5 por ciento. Lo repito: menos del cero punto cinco por ciento. Ese es el margen de éxito de nuestro sistema de justicia penal. Dicho a la inversa, su ineficacia es de más del 95 por ciento. Más del noventa y cinco de impunidad. Y eso solo corresponde a los delitos que se denuncian ante las autoridades, no de aquellos que se cometen, los cuales se multiplican por diez. Como muchos otros analistas que han buceado en los datos, no me he cansado de denunciar que, al menos en materia penal, en México la justicia no existe. Somos un Estado fallido incapaz de proteger a sus ciudadanos: nuestro modelo está jurídicamente mal diseñado, sus incipientes mejoras —como el sistema penal acusatorio— han sido mal implementadas, la corrupción sigue instalada en todos sus niveles, la intromisión de la política y del crimen es sistemática, su profesionalismo es mínimo y aquellos que tienen poder —o dinero— siempre se salen con la suya. Y ello en un país con cientos de miles de muertes violentas, desapariciones, violaciones y secuestros. Así que esta no es —no podría ser— una defensa del Poder Judicial, ni federal ni local, puesto que son parte integral de esta catástrofe humanitaria. Sin duda, este es el sistema creado por el PRI que el PAN se limitó a preservar. Por más que haya impecables jueces de carrera que se juegan la vida, literalmente, para tratar de hacer justicia frente a un sinfín de amenazas y riesgos personales, también hay, por doquier, miles de funcionarios toscos y cerriles, obsesionados con aplicar al pie de la letra leyes absurdas, enrevesadas o contradictorias, que no hacen sino poner en duda a los juzgadores en su conjunto. Nada necesita más el país, nada, que una reforma drástica de todo el sistema de justicia, no solo del Poder Judicial, que incluya a los ministerios públicos, las fiscalías, las policías y los peritos. Durante seis años, la 4T tuvo todas las posibilidades —y la legitimidad— para emprender esta urgente tarea, una de sus mayores promesas de campaña, en un país desangrado y sin acceso a la verdad. En vez de siquiera intentarlo, López Obrador tuvo otras prioridades, entre las que incluyó, de manera significativa, la militarización obsesiva de la seguridad pública y la ampliación de la prisión preventiva oficiosa: dos grandes traiciones a la agenda progresista y dos elementos que han hecho aún más violatorio de los derechos humanos nuestro mermado sistema de justicia. Y ahora, a un mes de abandonar la silla presidencial, se apresta a cumplir su último capricho a sabiendas de la crisis política que le heredará a su sucesora: una reforma que, centrada en la elección por voto popular de los juzgadores, no solo no mejora en nada el sistema —no ayudará en nada a acabar con la impunidad— sino que creará un sinfín de problemas y conflictos adicionales, mermará todavía más la integridad e independencia de los jueces —y su profesionalismo— y a un costo elevadísimo. En resumen: una de las acciones más torpes, personalistas, autoritarias y absurdas tomadas por Presidente alguno, lo cual lo hermana con las peores medidas de López Portillo o Calderón. Un descarado sabotaje al llamado segundo piso de la 4T, encabezado por Claudia Sheinbaum, a quien le corresponderá dispararse en el pie una y otra vez durante su primer año de gobierno solo para satisfacer la vanidad y las ansias de venganza de López Obrador. A veces, sometidas a una polarización extrema y a un puro juego emocional, las naciones son capaces de tomar las peores decisiones posibles y obrar en contra de sus propios intereses: el Brexit es un caso paradigmático. México está a punto de cometer una locura semejante: volverá legal la militarización, ampliará el catálogo de la prisión preventiva oficiosa —un régimen teóricamente de izquierda se decantará por una medida de ultraderecha, propia de Bukeley— y se embarcará en una procelosa y artificial reforma que debilitará aún más su pobre sistema de justicia. Y ya nada —ni siquiera el interés de la propia Sheinbaum— parece capaz de detenerla. ◙ ⇧SUPRA⇧ |
23 agosto, 2024
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D.n Enrique Gómez Orozco escribió en (23/08/2024) ♦ El horror de una estampida ♦ E n una estampida ninguna fuerza puede detener a quienes corren de un peligro real o imaginario. Sucede con búfalos, caballos y hasta con los inversionistas cuando hay gran incertidumbre sobre sus valores. Eso puede suceder en los próximos días sin que nos demos cuenta cuándo comienza. Es curioso cómo los fenómenos de percepción en la fauna son parecidos a los humanos. El miedo colectivo se apodera del sentimiento de un grupo y la huida llega a tropel. Las condiciones de percepción del país se deterioran deprisa con una devaluación del 15% en apenas unas semanas. El termómetro del miedo es el precio del dólar. Morena, al actuar en forma irracional e irresponsable con la idea de desechar el actual Poder Judicial, pone los pelos de punta a inversionistas, ahorradores, empresarios y fondos extranjeros que hace unos días tenían confianza. Si el dólar rompe la barrera psicológica de los 20 pesos, podríamos tener una estampida en la que debiera intervenir el Banco de México. El problema es la confianza. Muchas veces se rompió en el pasado cuando los gobernantes tomaron decisiones erróneas, por no decir estúpidas. Luis Echeverría rompió el cochinito, hizo que el Banco de México (sin autonomía) imprimiera dinero para financiar el déficit público. El peso reventó de 12.50 a 17 pesos en una jornada. Con José López Portillo el problema se amplió. La estatización de la banca rompió la poca confianza que quedaba. Vino el control de cambios, los mexdólares y el país sufrió un sexenio de estancamiento con Miguel de la Madrid. Carlos Salinas de Gortari fue un mago al recuperar la confianza y el entusiasmo por invertir en un México que abrió las puertas al mundo. Pero se equivocó también al final del sexenio. Cuando mataron a Luis Donaldo Colosio no devaluó el peso y entregó una bomba que explotó en manos de Ernesto Zedillo. En 1995 sufrimos terribles consecuencias, pero, gracias al talento del presidente, el país reencontró el orden administrativo y de nuevo el crecimiento. Entregó magníficas cuentas con un año 2000 que creció al 7% y sembró la estabilidad macroeconómica por más de dos décadas. Eso se puede perder en pocos días. Los fines de sexenio son nerviosos, la gente espera a ver las cartas del nuevo gobernante y su equipo. El discurso de arranque es fundamental. En los 38 días que faltan para que se vaya López Obrador pueden suceder muchas cosas desagradables. Con un Poder Judicial acosado, insultado y en vía de extinción; con la sensación de que regresamos a la “dictadura perfecta” pero recargada, las condiciones de riesgo aumentan aceleradamente. Cómo un banco puede financiar un gran proyecto de cientos o miles de millones de pesos si no tiene la certidumbre de que habrá un sistema judicial que haga respetar los contratos, que garantice la legalidad y la justicia en caso de incumplimiento. El dinero empieza a reducir su velocidad de circulación, la economía se enfría, viene una recesión. La nueva presidenta puede arrancar con el viento en contra, por no decir con el pie izquierdo. Escuchamos a nuestro alrededor voces de nerviosismo que preguntan una y otra vez: ¿qué sucederá? La solución será que paren el ferrocarril de malas decisiones antes de que caiga en un abismo. Lo mejor: detener en seco la sobrerrepresentación en el Congreso. Eso nos mantendría a salvo de esta locura. ⇧SUPRA⇧ |
22 agosto, 2024
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D.n Sergio Sarmiento escribió en (22/08/2024) ♦ Sin contrapesos ♦ L ópez Obrador casi ha logrado su objetivo. El propósito era destruir el sistema democrático surgido de las reformas electorales, políticas y judiciales de los noventa que dieron lugar a un Estado con contrapesos y que permitieron la alternancia de partidos en el poder. Quería regresar a los tiempos del partido hegemónico en el que creció, a cuyas filas se integró y que nunca dejó de admirar. El Instituto Nacional Electoral discutirá este viernes un dictamen que reparte diputaciones plurinominales de acuerdo con la interpretación de Morena del artículo 54 de la Constitución. Se espera que los partidos del gobierno obtengan 364 diputados de 500, 73 %. Esto les dará la mayoría calificada para cambiar la Constitución de manera discrecional, tal y como lo hacía el PRI hasta 1988. Si el presidente quiere borrar derechos fundamentales, lo podrá hacer. López Obrador tiene otros datos. Ayer afirmó que el pueblo votó “pensando que era necesario modificar leyes, hacer reformas a la Constitución, para devolverle a la Constitución su origen popular, su origen auténticamente democrático”. Ahora bien, es cierto que Claudia Sheinbaum obtuvo 60 por ciento de los votos para la presidencia, pero Morena y sus satélites solo lograron 54 por ciento para el Congreso. No es realmente un mandato para poner fin al régimen democrático en que ha vivido nuestro país, pero para AMLO todo vale con el fin de regresar al paraíso que recuerda cuando el PRI gobernaba sin oposición. López Obrador ha ejercido el poder con mayor discrecionalidad que cualquier presidente desde José López Portillo. No solo ha dominado el ejecutivo, sino que ha tenido mayorías absolutas en el Congreso. Pero esto no la ha dejado satisfecho. Hoy quiere eliminar los organismos autónomos, tener mayorías calificadas en las dos cámaras del Congreso, y, sobre todo, acabar con la independencia del poder judicial para que los jueces no le salgan “con el cuento de que la ley es la ley”. Las instituciones financieras ya han empezado a advertir sobre las posibles consecuencias que tendrían la mayoría calificada en el Congreso y las reformas que el presidente ha impulsado de manera apresurada, las cuales, como ha señalado Fitch Ratings, “pueden afectar negativamente la calidad institucional y los controles y contrapesos de México”. Morgan Stanley, un banco de inversión, ha bajado la recomendación a los valores mexicanos y ha señalado que “reemplazar el sistema judicial debería aumentar las primas de riesgo de México y limitar las inversiones de capital. Eso es un problema ya que el nearshoring está alcanzando cuellos de botella clave”. El Departamento de Estudios Económicos de Citibanamex ha apuntado que los mercados parecen subestimar las “graves implicaciones” de la sobrerrepresentación y la reforma judicial, que “podrían suponer la cancelación de la democracia liberal, asentada en el estado de derecho y regida por el cambio electoral periódico de gobiernos mayoritarios y sólidamente contrapesados”. El peso, que registró un valor de 0.0557 dólares el 22 de julio, se encontraba ayer a las 13:30 horas en 0.0517 (Bloomberg); es una depreciación de 7.2 por ciento en apenas un mes. La concentración del poder en manos del ejecutivo está generando preocupación entre los inversionistas. Sheinbaum declaró ayer que “quizá están mal informados; vamos a tener un mejor sistema de justicia, sus inversiones estarán mejor resguardadas”. Pero es falso. Cuando todo el poder de un país se concentra en unas solas manos, cuando desaparecen los contrapesos al poder, el poderoso puede cambiar las reglas cuando quiera y afectar a quien sea. ⇧SUPRA⇧ |
Opinión
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