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D.n Jesús Silva-Herzog escribió en AM-León ( 12 | 05 | 2025 ) ANTE DIEM IV IDUS MAIAS 🔰 • DIE DUODECIMO MENSIS MAII • ANNO SALUTIS BIS MILLESIMO VICESIMO QUINTO 🔰 Tiempo de autopsias H a transcurrido ya el primer cuarto del siglo y México es un país más bárbaro y más autoritario de lo que era al finalizar el año 2000. México iniciaba el siglo envuelto en el optimismo. Un país razonablemente tranquilo que apostaba por Norteamérica como horizonte económico al tiempo que construía las instituciones y las prácticas del pluralismo. México dejaba en esos años de ser el país del Presidente. Dejaba de ser también la almeja nacionalista y se abría al mundo con seguridad. El Congreso y los jueces asumían sus responsabilidades constitucionales. Vivíamos el tiempo de menor violencia de la historia. En un pestañeo, el país se ha convertido en tierra de desaparecidos y se ha construido un régimen intimidatorio que concentra todos los poderes. A veinticinco años de la alternancia, la hegemonía autoritaria se ha restablecido, hay amplias zonas del país sustraídas del imperio del Estado, la plataforma norteamericana se resquebraja. Fracasó el pluralismo democrático. No dio los resultados que ofreció y fue incapaz de resistir el embate de un hábil caudillo autoritario. Seis años bastaron para dar por concluido el episodio pluralista. La revista Nexos dedica su número de mayo a recorrer la nutridísima historia de nuestras oportunidades perdidas. Como puede verse en las páginas de la revista, México ha tenido el talento de convertir cada ocasión auspiciosa en un engaño o en una desgracia. Nuestra constancia es notable: cada vía de progreso ha terminado en un fracaso descomunal. Un libro reciente ofrece dos pistas valiosas para entender la derrota. Me refiero a ¿Quién manda aquí? La impotencia ante la espiral de la violencia en México y América Latina, de Javier Moreno, quien fuera director del diario El País. El subtítulo advierte la primera clave: el Estado mexicano ha sido impotente frente a la violencia creciente y extremadamente débil frente al Ejército. La desgracia del primer cuarto de siglo se origina en la debilidad institucional de un país que no se tomó en serio las exigencias de la legalidad. Lo que el país invirtió en recursos profesionales, técnicos, presupuestales en cambiar la naturaleza del régimen político para garantizar elecciones auténticas y controles efectivos del poder, lo escatimó para construir fiscalías, agencias de seguridad y tribunales. Mientras se apostaba a la modernización democrática del régimen, se mantenía la estructura de justicia en el abandono. Se trataba, por supuesto, de una negligencia interesada. Mantener los ventajosos márgenes de discrecionalidad en los usos de la ley. El régimen se democratizaba, pero el Estado se debilitaba. El pluralismo se asentaba en las asambleas, las alternancias se volvían habituales mientras los mecanismos de justicia se rezagaban y los aparatos de seguridad eran capturados por el crimen. Nuestra historia política reciente es, en efecto, una historia de impotencias. Decía un legendario político italiano que “el poder desgasta. a quien no lo tiene”. El capítulo democrático se caracterizó por ausencia de poder, por la debilidad del poder político frente al crimen primero y frente a los soldados después. El fracaso del experimento se explica, en alguna medida, por esa nulidad del poder político, por su incapacidad para imponer el monopolio que deriva de su legitimidad. La debilidad del Estado no solamente quedó de manifiesto frente al poder brutal de los delincuentes, sino también frente a los grupos de presión. La otra clave que aporta el libro de Javier Moreno para entender el arranque de nuestro siglo XXI fue la desgracia de los líderes de la transición. El volumen tiene como eje conversaciones con varios presidentes de América Latina. El diálogo con los presidentes panistas es el centro de su retrato de México. Volver a escuchar a los hombres que gobernaron a México entre 2000 y 2012 es confirmar las razones de la catástrofe. Un bufón frívolo, ignorante y desinteresado en el ejercicio del poder real. Un cruzado obsesivo, inseguro y arrebatado que lanzó a México a una guerra de la que no hemos podido salir. En ninguno, el asomo de la responsabilidad; en ninguno un impulso mínimamente reflexivo. Ahora que es tiempo de autopsias, vale identificar el sin poder de los “poderosos” y la enorme responsabilidad de los liderazgos en momentos críticos. |
12 mayo, 2025
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11 mayo, 2025
♦ TOLLE, LEGE PAUCUM, AMICE ♦
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D.n Enrique Krauze escribió en AM-León ( 11 | 05 | 2025 ) ANTE DIEM V IDUS MAIAS 🔰 • DIE UNDECIMO MENSIS MAII • ANNO SALUTIS BIS MILLESIMO VICESIMO QUINTO 🔰 El verdadero hijo del 68 J ulio de 1968. Un estudiante de 16 años venido de Mexicali adscrito a la Vocacional 5 del Instituto Politécnico Nacional (situada a pocos metros de la Ciudadela), ha fundado con algunos compañeros el grupo “Emiliano Zapata”, dedicado a leer poesía y discutir de política. Son opositores a la Federación de Estudiantes Técnicos (FNET) que acaba de apoderarse de la representación en una elección fraudulenta. De pronto, las noticias de la rebelión de mayo en París comienzan a reverberar en México. Un incidente enciende la mecha. El estudiante lo vive en carne propia. Treinta años después, lo evocaba así: [...] ocurrió precisamente en la escuela donde yo estudiaba, creo que fue un lunes 22 de julio, cuando hay un pleito sin ninguna connotación política entre estudiantes de la Voca 2 y una preparatoria particular, Isaac Ochoterena. Y al otro día, martes 23 de julio, este pleito da pie a una intervención policiaca... Arremete la policía contra ese grupo de personas. Habíamos tratado de explicarles que no había ningún problema. Este acto de fuerza [...] da lugar a una expresión muy fuerte de inconformidad, ya no solamente en la Ciudadela sino en todo el Politécnico... Y precisamente, en esa presencia de los granaderos, uno de los jóvenes que fueron golpeados fui yo. “Desde entonces, emotivamente me involucré mucho”, recordaba el joven. ¿Qué significaba el movimiento estudiantil para él? Una lucha apasionada por la libertad: Creo que ese era un concepto esencial, la libertad... La democracia no era una bandera central del movimiento del 68. Por su orientación de izquierda, muchos compañeros no creían en la democracia. El movimiento fue aniquilado el 2 de octubre en Tlatelolco, pero le dejó una huella profunda: “para muchos jóvenes que estuvimos cerca, participamos o vimos a algunos compañeros terminar en la cárcel o en otras circunstancias, fue una experiencia decisiva”. Cuando en marzo de 1969 el joven ingresó a la Escuela de Economía del IPN, aún se percibían las secuelas de la represión: Si en los tres años que asistí regularmente a la escuela tuvimos cinco días completos de clase, eran muchos [...] la escuela pasaba por una crisis académica [...] el trauma del 68 causó una gran descomposición... Era un momento muy traumático, muy difícil, había muchos compañeros que estaban en la cárcel o que habían pasado a otra vida. Ese fue el bautizo político del joven cuyas fotografías (hablando con cinco granaderos; cubriéndose el rostro del inminente culatazo que le propinaría uno de ellos) se volverían emblemáticas de aquel tiempo ciego y tiránico. Veinticinco años más tarde, ese joven llamado Ernesto Zedillo llegaría a ser -sin buscarlo, en realidad- presidente de México y llevaría a cabo una reforma política cuya transcendencia sería solo comparable a la Constitución liberal de 1857 que la generación de Juárez pu1so en práctica por escasos diez años (1867-1876 y que Madero restauró, fugazmente, de noviembre de 1911 a febrero de 1913. Aquellos experimentos concluyeron trágicamente, por un golpe de Estado. Ochenta años después, en 1994, gracias a la iniciativa de Zedillo, con el concurso de todos los partidos y amplios sectores de la sociedad civil, México volvió al origen. Intentaríamos, por tercera vez en nuestra historia, ser en la realidad lo que dictaba la letra y el espíritu de nuestra Constitución: una república, representativa, democrática y federal. Ahora, el ver la inminente destrucción de la obra que labró con otros muchos mexicanos de buena fe, Zedillo ha levantado patrióticamente la voz: "México transita de la democracia a la tiranía". Probablemente su llamado a detener la "reforma judicial" (ese acto final de demolición) no haga mella en el poder que se autoproclama "heredero del 68". Ostentación ridícula: nada tienen que ver este régimen y su partido con el 68: avalan a las dictaduras de América Latina y ahora mismo firman tenebrosos "convenios de cooperación con el gobierno cubano. Ni el expresidente (que proviene del rancio PRI) ni su sucesora (cuya participación en huelgas universitarias no legitima su supuesta filiación con el 68) creen en la democracia, ni en la división de poderes, ni en la justicia ni en la libertad. Vivimos el tercer golpe de Estado a la democracia y la libertad. Que el régimen lo sepa: los mexicanos no esperarán ochenta años para recobrarlas. En la larga cuenta de la historia, golpeado entonces y ahora por la autoridad, fiel a la verdad, Ernesto Zedillo tendrá la razón final. |
10 mayo, 2025
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D.n Jorge Suárez-Vélez escribió en AM-León ( 10 | 05 | 2025 ) ANTE DIEM VI IDUS MAIAS 🔰 • DIE DECIMO MENSIS MAII • ANNO SALUTIS BIS MILLESIMO VICESIMO QUINTO 🔰 Seamos eco E n los primeros días de la Presidencia del doctor Ernesto Zedillo ocurrió el “error de diciembre”, tras heredar una economía “agarrada con alfileres”. El paso de estafeta entre Pedro Aspe y Jaime Serra fue desaseado, a pesar de ser dos técnicos competentes, a los que respeto, y cuyo perfil hoy querríamos para cualquier secretaría. Como secuela de esa crisis hubo que rescatar a la banca. A toro pasado se critica al Fobaproa, pero sin éste habríamos sufrido una crisis inimaginable. Logró preservar la integridad del sistema de pagos y ningún ahorrador resultó afectado. Sí, hubo abuso para inflar el rescate, pero el gobierno de Zedillo actuó con la destreza que la crisis exigía. En la historia, Zedillo será el Presidente que democratizó a México, que fortaleció al Poder Legislativo y dotó de independencia al Judicial. En 1989 oí al expresidente Miguel de la Madrid decir que no imaginaba cómo se podría gobernar México sin mayorías legislativas. Zedillo promovió ese escenario y enfrentó el dilema. Cuando Fox ganó en 2000, le puso la banda presidencial sin ambages. Muchos priistas jamás se lo perdonaron. Desde 2002, Zedillo se dedica a la academia. Así como la transición de De la Madrid al FCE marcó un contraste anhelado con las accidentadas salidas de Echeverría y López Portillo, la de Zedillo lo marcó con la de Salinas. Su llegada a Yale como director del Centro de Estudios de la Globalización, donde sigue 23 años más tarde, confirmó su intachable reputación. Desde entonces vive en New Haven, en la “medianía” de un académico. En 2016 escuché al presidente de Yale expresarse con orgullo de su destacado papel en una de las universidades más prestigiosas del mundo. Por décadas, Zedillo se rehusó a opinar de sus sucesores, incluso en privado. Hoy, la realidad le fuerza a hacerlo. Su crítica en Letras Libres es impecable y valiente. Pone el dedo en la llaga. Sí, vivimos una regresión hacia la tiranía; sí, la “reforma” judicial “no pasaría ningún criterio de rigor constitucional” y nos deja en manos de jueces improvisados y al servicio de Morena. Sí, ese partido logró mayorías legislativas con interpretaciones tramposas de la ley y ha infiltrado a incondicionales en órganos electorales, haciéndose de mayorías en la Corte gracias a extorsión y prácticas mafiosas. Se acabó la separación de poderes. Zedillo alza la voz porque no tiene cola que le pisen. Su vida pública se enfocó en colaborar con líderes como Felipe González, Kofi Annan o con intelectuales como Vargas Llosa. Nada gana rompiendo su silencio y a mucho se expone. La respuesta de la doctora Sheinbaum ha sido patética. Incurrió en la falacia lógica más burda, el argumento ad hominem. Cuando se carece de razonamientos para derrotar el argumento del adversario, solo queda desacreditarlo. Ella sabe que las obras públicas de AMLO, y la cancelación del NAIM, no resisten escrutinio de un auditor independiente. Ha sido cómplice en la destrucción de nuestra democracia y del desmantelamiento del sistema judicial, condenándonos a una impartición de justicia improvisada que, de paso, mata la inversión privada. En el pecado llevará la penitencia. Siembra una crisis de la que la culparán, si le revienta en las manos, para pavimentarle el camino a Andy o a AMLO. Ante lo que viene, impulsan su Ley Mordaza. La elocuente crítica de Zedillo exige que quienes tenemos voz seamos su eco. Debería, de paso, despabilar a líderes empresariales que se han resignado a que este gobierno “es lo que hay”, porque lo que hay es la desaparición de la democracia, del Estado de derecho y de la separación de poderes. Lo que hay es un país más pobre e injusto. Lo que hay es un gobierno autoritario que extorsiona, calla y somete; un México que le cedemos a las organizaciones criminales, un país con 100 mil desaparecidos donde la impunidad reina. Lo que hay es un gobierno inepto y mediocre. Si esa historia está por escribirse, alcemos la voz para exigir otra. No puede ser nuestra generación la que pierda México. Somos mucho más que este cuento de terror que nos imponen. |
07 mayo, 2025
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D.n Roberto Zamarripa escribió en AM-León ( 07 | 05 | 2025 ) NONIS MAIIS 🔰 • DIE SEPTIMO MENSIS MAII • ANNO SALVTIS BIS MILLESIMO VICESIMO QVINTO 🔰 Papa mexicano U na jueza federal, Blanca Lobo, le ordenó a la jefa de Gobierno, Clara Brugada, que le devuelva al cardenal Norberto Rivera más de un millón 300 mil pesos por lo que consideró un “pago excesivo” de derechos que realizó en la compra de dos departamentos en la Torre Mitikah, un lujoso complejo del sur de la CDMX. Rivera compró cada departamento en 10 millones de pesos en febrero de 2024. ¿De dónde ha forjado Rivera, de 82 años, esa fortuna cuando la mayoría de mexicanos de su edad apenas viven de la pensión del Bienestar? ¿Cómo puede explicarse que un cardenal retirado pueda desembolsar esas cantidades? La trayectoria de Rivera ha sido cuestionada por expertos e incluso dentro de la Iglesia por su papel omiso en graves casos de pederastia y otros abusos en la Iglesia. En diciembre pasado, en el programa del canal oficial 14, titulado Largo Aliento, el académico de la UNAM Rubén Ruiz Guerra aseguró a Sabina Berman que Rivera “vendió a la Virgen de Guadalupe en 12.5 millones de dólares en una concesión”, a japoneses, asunto hasta ahora no esclarecido. En la primera exhortación apostólica de su papado que tituló Evangelii gaudium (La Alegría del Evangelio), Francisco escribió en noviembre de 2013: “La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así ‘olor a oveja’ y éstas escuchan su voz”. Francisco, como se sabe, renunció a determinados lujos incluida su residencia y pidió persistentemente que los hombres de la Iglesia fueran realmente pastores en una referencia de que si los sacerdotes están apegados a la vida de sus fieles, al pueblo, tendrán ese olor, ese aroma, de las personas que los siguen. Un alegato por la cercanía. Ante las palabras de Francisco, hay quien puede decir que algunos prelados mexicanos las interpretaron con literalidad y lograron que su aroma fuera de lo mejor que tienen las ovejas: la lana. Los cardenales mexicanos en el cónclave que definirá al nuevo Papa, Carlos Aguiar y Francisco Robles, parecen ir en la divisa de la conciliación. Ambos buscan el bajo perfil y parecen estar más ocupados en resolver los entuertos de la Iglesia mexicana que trabajar por sus negocios. En Roma, conforme sus declaraciones públicas, no van a contracorriente. ¿Qué tanto cambió Francisco a la Iglesia mexicana? No pareciera que mucho. O en todo caso, se convirtió en un Papa popular que provocó el contraste con muchos de los prelados mexicanos distantes de su prédica. Ciertamente nombró a Aguiar como cardenal con una encomienda principal de reordenar y corregir, pero no pareciera haber alcanzado los trazos de intervención o reorientación que logró Juan Pablo II en nuestro país. Además, las relaciones con El Vaticano habían sido prácticamente congeladas en el sexenio de AMLO. Ahora, con la llegada de Claudia Sheinbaum hay una apertura, un restablecimiento de contactos y una disposición al diálogo. En la inminencia de un nuevo Papa, la Iglesia católica mexicana se encuentra frente a un reto de redefinición. Desde luego que los cardenales mexicanos son papables como cualquiera del más de un centenar que participan en el cónclave. Pero más allá de si en una circunstancia de descartes alguno de ellos es ungido, el tema central tiene que ver con la identidad y su labor en un país con graves conflictos de narcoviolencia, territorios bajo control de criminales y una redefinición de las relaciones políticas tanto a nivel nacional como en las comunidades. La opción preferencial por los moches que caracterizó a muchos obispos mexicanos puede cambiar. No es fácil el reto para la Iglesia católica. Pero le haría bien no solo denunciar las corrupciones de los gobiernos sino exhibir y limpiar las suyas y sintonizar con las preocupaciones de sus comunidades. Buscar con ello a un Papa mexicano, es decir, uno que, sea de donde sea, entienda y sintonice con nuestras urgencias. |
06 mayo, 2025
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D.n Enrique Gómez Orozco escribió en am-León ( 06 | 05 | 2025 ) PRIDIE NONAS MAIAS 🔰 • DIE SEXTO MENSIS MAII • ANNO SALVTIS BIS MILLESIMO VICESIMO QVINTO 🔰 Sí se puede D urante seis años el gobernador Diego Sinhue Rodríguez no pudo detener, ni siquiera disminuir la criminalidad en Guanajuato. Partía de un derrotismo anticipado. Si bien prometió un “golpe de timón” en la seguridad pública del estado, en realidad dejó las cosas mucho peor de lo que estaban. Por eso le podíamos decir que Guanajuato era un estado de 10, sí, de diez asesinatos diarios. El gobernador nunca quiso escuchar, nunca quiso verdaderamente hacer cambios fundamentales en donde era necesario: la Fiscalía General y la Secretaría de Seguridad. Decían que las cosas podían estar peor, decían que “ni con todo el presupuesto del estado” se podía contener la violencia. Lo que creyeron, o decían creer, lo convirtieron en realidad. Si el problema fuera de obras públicas o de administración de los recursos, si el tema fuera de atracción de inversiones o diseño del futuro Guanajuato, cualquier falla podría ser remediable. Cuando se trata de miles de vidas truncadas, jóvenes sacrificados, mujeres víctimas de feminicidios y personas tan humildes como tortilleras en Celaya o trabajadores de vulcanizadoras, la ineptitud e indolencia se vuelven criminales. En pocos meses la tasa de homicidios se redujo en un 40% y, al parecer, la tendencia sigue a la baja en mayo. En abril no fue el sur del estado el que más homicidios registró, sino León con 43. En León, el Secretario de Seguridad dice que pudo ser el calor lo que incidió en el alto número de crímenes. Dudamos que tenga base científica, aunque nunca debemos descartar ningún dato, porque hizo el mismo calor en León que en el sur de Guanajuato. Como los homicidios son, en su mayoría, por disputas territoriales o de mercado de drogas y otros ilícitos, los primeros beneficiados de la pacificación son los miembros del crimen organizado o desorganizado. Decía uno de los grandes narcotraficantes de Sinaloa, el “Azul” Esparragoza que su negocio no se llevaba bien con las balas. Cierto, en ese estado durante muchas décadas el Cártel de Sinaloa logró mantener la paz sin disparar muchas balas. Para algunos lo ideal sería despenalizar las drogas, para otros usar mano de hierro como en El Salvador o en países del Sudeste Asiático y China. Lo que sigue para Guanajuato es persistir en el propósito de recuperar la paz, de convertirnos en un estado ejemplar en seguridad pública. Si creemos que se puede, lo lograremos. Hay un viejo dicho de voluntad entre navegantes que dice: “Ni el clima ni la marea nos detendrán”. Ni el calor ni la desesperación deben gobernar nuestro destino. Los expertos dicen que es un tema de inteligencia, pero también de valor y determinación. Faltan miles y miles de cámaras en carreteras, vialidades, estacionamientos y zonas de peligro para inhibir el crimen y para identificar a quienes los cometen. Hoy los drones son un instrumento formidable para la vigilancia. Necesitamos muchos en Guanajuato. Hace unos días la Guardia Nacional cuidaba la entrada a León desde la carretera de Sierra de Lobos. Una chica amable en uniforme preguntó si llevábamos armas. Detuve el auto y la felicité sinceramente por su trabajo y dedicación. Los retenes son muy bien vistos por los ciudadanos. Ninguna molestia es abrir la cajuela e incluso salir del auto para que lo revisen. Si el gobierno tiene el control de carreteras y caminos, tiene más de la mitad de la pacificación ganada. Ahí está un secreto. |
04 mayo, 2025
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D.n Jorge G. Castañeda escribió en am-León ( 04 | 05 | 2025 ) ANTE DIEM IV NONAS MAIAS 🔰 • DIE QVARTO MENSIS MAII • ANNO SALVTIS BIS MILLESIMO VICESIMO QVINTO 🔰 Las reculadas de Trump E s muy temprano para cantar victoria. La capacidad de Donald Trump de levantarse después de estar en la lona es ya legendaria. Lo hizo frente a los intentos de destitución (impeachment) durante su primer mandato, ante las acusaciones civiles y penales de las que fue objeto entre 2020 y 2024, en su reelección triunfante el año pasado, y a lo largo de toda su vida como desarrollador en Nueva York y en el mundo. Pero su situación en las encuestas al cabo de cien días en la Casa Blanca, la resistencia del poder judicial, sus reculadas en materia de aranceles, la respuesta china y hasta las elecciones en Canadá sugieren que no todo se encuentra perdido en Estados Unidos. Procesos que pueden interpretarse como tendencias de largo plazo y aliento en ocasiones resultan ser efímeros y frágiles. En todos los sondeos publicados en estos días, Trump no sólo ve caer su aprobación a números negativos; arroja el peor nivel de popularidad de cualquier presidente en la época moderna a los cien días. Las reculadas de Trump en sus deseos de imponer aranceles a media humanidad muestran asimismo su impopularidad en los mercados y con muchos de los empresarios que lo apoyaron. Cuando los tenedores de bonos norteamericanos —¿Japón? ¿China? ¿Wall Street?— empezaron a vender sus activos, el equipo presidencial convenció a su jefe de que era necesario dar marcha atrás. Algo semejante sucedió con el enfrentamiento con Beijing, ahora con la industria automotriz. Trump se vio obligado a posponer, diluir y reducir sus exigencias, de manera unilateral. Sus negociaciones de paz en Europa oriental y Medio Oriente siguen sin arrojar los éxitos inmediatos que el candidato Trump había anunciado. Extraigo tres lecciones preliminares de esta evaluación. Primera: las aparentes mutaciones políticas profundas que supuestamente se reflejan en X o Y comicios, no siempre se confirman. Todas las sesudas explicaciones de los cambios del electorado norteamericano reflejados en la reelección de Trump pueden ser a la vez acertadas y de corta vida. Los latinos abandonaron al Partido Demócrata debido a su “wokismo”, la excesiva migración bajo Biden, y la inflación: sí, pero pueden abandonar a su vez a Trump, debido a sus excesos en lo tocante a las deportaciones, las redadas, incluso las “desapariciones” a la chilena o mexicana. Segunda: para Trump, da más o menos lo mismo lo que hagan sus interlocutores en otros países. La firmeza de Xi Jinping, la sumisión de Milei, las concesiones anticipadas de Vietnam, las concesiones inevitables de Sheinbaum, la indiferencia de Lula, la sonrisa de Macron, la buena disposición de Trudeau o la rudeza de Carney, no importan. Cuentan los mercados y las encuestas. El tono es indiferente para Trump, sólo pinta para los medios internacionales, especialistas en “lenguaje corporal”, que es como el futbol: todos son expertos, todos opinan. La correlación de fuerzas sí pesa, pero para los demás. Trump no cede ante adversarios, sino frente a realidades. Por último, comparto con el lector la opinión de un amigo londinense, sin mayor información que yo, pero con mucho más olfato y experiencia. Cree que Trump no termina su mandato. No me ha convencido, pero ya no descarto la hipótesis. Es cierto que para un presidente que no puede aspirar a la reelección —no es viable la tercera elección de Trump— las encuestas revisten poca pertinencia. Pero una estrepitosa derrota republicana en los comicios de medio periodo en 2026 pueden conducir a una estampida de los correligionarios del presidente. En ese momento, si se mantienen los niveles actuales de las encuestas, no se requerirán muchas defecciones republicanas para la destitución. Ante esa perspectiva, la renuncia puede lucir preferible. |
03 mayo, 2025
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D.n Jorge Volpi escribió en am-León ( 03 | 05 | 2025 ) ANTE DIEM V NONAS MAIAS 🔰 • DIE TERTIO MENSIS MAII • ANNO SALVTIS BIS MILLESIMO VICESIMO QVINTO 🔰 143 E n campaña, Donald Trump aseguró que, durante el primer día de su segundo mandato, se comportaría como un dictador. Ya lleva cien y no ha dejado de hacerlo: en ese tiempo ha acumulado 143 órdenes ejecutivas —aquellas que le permiten saltarse al Congreso y al Senado— para llevar a cabo una de las empresas de destrucción democrática más vertiginosas de que se tenga noticia. La celeridad de la maniobra es equivalente al pasmo o a la parálisis, cuando no a la resignación, con que han sido recibidas sus medidas por doquier, tanto dentro como fuera de su país. Sus primeros golpes han sido tan desbocados e intensos —y, por ello mismo, con frecuencia tan erráticos— que sus distintos adversarios no han acertado aún a responder. Al menos desde el final de la Guerra Civil, Estados Unidos había logrado un singular consenso entre sus élites que articuló una poderosa ficción que permitió el ininterrumpido traspaso pacífico del poder, así como un sistema de contrapesos para garantizar su estabilidad. En un sistema bipartidista, que naturalmente hubiese estado destinado a la polarización, demócratas y republicanos compartían el mismo Gran Relato: una nación elegida —herencia de su filiación judeocristiana—destinada a dirigir los destinos del planeta. Que su democracia estuviese siempre llena de agujeros —hacia adentro, con la esclavitud y la discriminación racial y, hacia afuera, con su vena despótica e imperial— jamás alteró ese discurso heroico y autocomplaciente que tan bien funcionó por casi dos centurias. Hasta la elección de George W. Bush, esa suerte de pacto interno se mantuvo más o menos firme. La elección de Barack Obama, su primer Presidente negro, quebró el equilibrio: el añejo racismo de sus fundadores se encontraba más arraigado de lo que cualquiera pudo suponer. Que en los albores del siglo XXI cristalizasen las mayores iniciativas de diversidad e inclusión —el intento progresista por pagar las viejas culpas—, al tiempo que la globalización neoliberal despojaba a las antiguas élites blancas y protestantes de sus últimos privilegios, acabó por desmontar el Gran Relato. Del Tea Party a Trump, estas élites blancas y protestantes prefirieron desprenderse del Melting Pot para articular una ficción propia que, frente a la predilección estadounidense por el futuro, se decantó por la revisión nostálgica del pasado. Según esta nueva versión, Estados Unidos se había precipitado en una etapa de decadencia a partir del empoderamiento de las minorías y se hacía indispensable volver atrás. Igual que el fascismo o el nazismo, este movimiento poseía un feroz componente nostálgico: había que hacer lo que fuera para regresar a la era anterior a Obama y destruir hasta el menor resquicio de lo que ellos empezaron a categorizar como la tiranía de lo woke: en realidad, cualquier desviación de la “nueva normalidad”. En medio de este quiebre histórico, Trump —como antes Mussolini o Hitler—, un hombre desprovisto de otra ideología que el dinero y su propio ego, supo oler como nadie el espíritu de los tiempos y, con el cinismo propio de un narcisista patológico, prometió devolver a Estados Unidos a su grandeza pretérita. Al no conseguirlo en su primer periodo —no olvidemos que era un improvisado—, se empeñó en retener el poder a cualquier costo —rompiendo la última regla no escrita del sistema—y, tras ser enjuiciado y humillado, ha decidido llevar esta Gran Rectificación a sus últimas consecuencias. Con sus 143 órdenes ejecutivas, Trump ha revelado que la ficción democrática estadounidense no era más que eso: su odio hacia los migrantes y las minorías, la venganza sistemática contra sus enemigos y su demolición de todo contrapeso institucional, así como su andanada proteccionista o su alianza con Putin, son la expresión de un vasto proyecto autoritario y racista frente al que Estados Unidos apenas tiene anticuerpos. Quienes piensan que bastará esperar unos años para que sea desalojado del poder no entienden que la destrucción es ya irreparable. Lo doblemente paradójico —como con Mussolini o Hitler— es que su desesperada revolución nostálgica solo acelerará su decadencia imperial. Al extraviar el Gran Relato que la sustentaba, la excepcionalidad estadounidense se aproxima a su final. |
Opinión
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