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• Costosa resurrección • L a nostalgia es una tristeza que se goza. Hermana de la melancolía, prima de la saudade, es visitante asidua en horas de crepúsculo, cuando la tarde no es tarde ya y la noche tarda. Yo la conozco bien y la recibo; unas veces me aflige, me alegra otras. Ayer —ya todo en mis edades es ayer— me recordó las veces que con la amada eterna y nuestros hijos viajábamos en el Regiomontano. Salía ese tren de Monterrey para llegar 14 horas después a la Ciudad de México. Hacía en Saltillo una breve escala a fin de enganchar un vagón con pasajeros de esa gran metrópoli. El coche era de los llamados Pullman; tenía camerinos privados y literas. Los niños hacían de ese viaje una aventura, y costaba trabajo ponerlos a dormir. A sus ojos el tren iba por la vía como aguinaldo de juguetería. Llevaba comedor donde cenábamos y tomábamos el desayuno. Había coche fumador, y otro nombrado "observatorio", con techo transparente a través del cual no se veía nada. Una vez sí y otra también el servicio sufría demoras por diversas causas que nadie se cuidaba de explicar. Ocasión hubo en que llegamos a nuestro destino 24 horas después de la hora señalada. Nadie se molestaba en protestar; aquellas contingencias se recibían como un acto de Dios o de la naturaleza. Los trenes de pasajeros acabaron por desaparecer; quedaron en las vías del recuerdo. Ahora Claudia Sheinbaum anuncia que los resucitará. Esas resurrecciones son costosas; las únicas gratuitas han sido las que obró Nuestro Señor in illo tempore. Me pregunto si los trenes de pasajeros recuerdan que lo fueron, y si volver a usar las vías será viable. El automóvil, el jet y el autobús harán competencia a los antiguos nuevos trenes, y dificultarán que sean empresas redituables. Pero ¿acaso alguna empresa del Estado lo es? Los gobiernos son malos negociantes en lo público, y muy buenos en la opacidad de lo privado. Esperemos que las promesas de la candidata oficialista sean sólo promesas, y que si la señora llega al poder no imite a su tutor en eso de hacer trenes que tienen como estación final la bancarrota... 🔺 ITE SVPRA 🔺 |
22 marzo, 2024
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Opinión
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