13 noviembre, 2023

Denise Dresser escribió  en REFORMA (13/11/2023):
La indecencia 
[...]
H
oy Zaldívar es un político más, de esos que el Presidente ha tildado de "ambiciosos vulgares", con un nombre ensombrecido, y una fama fatídica en su gremio. Alguien cuya valentía frente al pasado quedó enterrada por la sumisión del presente. Alguien convencido de que está "haciendo historia" al prestarse a la cruzada política contra la Corte. Un traidor a sí mismo que no busca mejorar la justicia, sino asegurar su subordinación al partido-gobierno.

Stephen Breyer escribe en La autoridad de la Corte y el peligro de la política, que la función de la Corte es decirles a los gobiernos —con base en la Constitución— lo que pueden y no pueden hacer. La tarea de la Corte es "ofrecer protección a los ciudadanos contra acciones del gobierno que son arbitrarias, caprichosas, autocráticas o tiránicas". Las cortes realmente transformadoras son las que establecen límites al abuso de poder, del Ejecutivo o el Legislativo. Eso no puede ocurrir si los ministros abandonan sus cargos para alinearse con un Presidente, o validan sus excesos, o le son leales a una persona por encima de la ley.

Zaldívar será juzgado por la complicidad que estableció con una camarilla política que no busca "democratizar" a la Corte, sino acabar con ella. Esa será la única medida del hombre y su legado. Y ojalá cada vez que alguien se cruce con él en la calle o de compras en Nueva York, lo confronte con la pregunta hecha al infame Joe McCarthy: "¿No tiene ningún sentido de la decencia?".
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12 noviembre, 2023

Enrique Krauze escribió  en REFORMA (12/11/2023):
Postales de Acapulco
L
a destrucción material es inmensa. Peor, la destrucción de las vidas. Pienso en los acapulqueños que conocí: lancheros sorteando las estelas con el timón en una mano; vendedores voceando con el inconfundible acento de la costa sus collares, sombreros, aceites, estrellas de mar, conchas, anillos, cocos, jícamas, dulces, helados y raspados; guías que invitaban a navegar en barquitos de fondo transparente; esquiadores que inventaron el esquí en disco y hasta el esquiar sin esquíes; pescadores buscando perlas en las ostras; meseros haciendo equilibrios con las charolas; cocineras risueñas, malhabladas; gendarmes vestidos de kaki, guiando el tráfico; tenderos que vendían rebozos y huipiles, guayaberas y chazarillas; empleados de hotel, choferes de camión, taxistas... ¿Qué habrá sido de todos ellos? ¿Qué será de sus hijos y de su hogar?

Conservo la vaga memoria de un ciclón y un temblor anterior al de 1957. De noche rezaba para que no sobrevinieran nuevos. Ahora que Acapulco, increíblemente, se ha perdido, descubro cuánto me dio. 

El puerto era de todos, fuereños y lugareños: una festiva experiencia igualitaria. El trayecto, en auto o camión, parecía una odisea. Seis horas por la carretera antigua que pasaba por el centro de Cuernavaca, de ahí a Taxco, Chilpancingo, un árido paisaje de pitahayas, cauces secos, tierras coloradas, el temido Cañón del Zopilote, un viejo túnel y por fin, tras la montaña, el puerto prometido. 

Acapulco era una postal viva. La placidez de la brisa, el calor no sofocante, las palapas somnolientas, el desfile de palmeras, las redes meciéndose en la Costera, el macizo de El Morro, el mar como un lago azul cobalto. En el atardecer de aquel anfiteatro natural, los dioses escenificaban diariamente la misma obra: la puesta de sol prendía y apagaba las nubes una a una, la bahía se iluminaba, y daba inicio el concierto de los grillos. 

No había edificios de altura ni hoteles de lujo al estilo americano. El hotel de moda era el Papagayo con su gran alberca, su plataforma para clavados, su boliche y su jardín zoológico. Rentábamos con otra familia una casa de dos pisos frente al novísimo Motel Acapulco. Mis hermanos y yo pasábamos las mañanas en las playas populares —Hornitos, Hornos— bien surtidos con nuestros materiales de construcción: palas, cucharones, rastrillos, listos para construir castillos de arena. Tritones irresponsables, desafiábamos las olas traicioneras en La Condesa o el Revolcadero. 

Cruzábamos en lancha de Caleta a Caletilla —como si fuera el Mediterráneo— para ver el espectáculo de un burro cuyas excentricidades he olvidado. Un día me extravié en la playa de Caleta pero un alma caritativa me vio llorando y me llevó con mi madre, a quien conocía por ser colegas periodistas: era Elena Poniatowska, que siempre me recuerda el episodio del "Niño perdido". 

La edad límite para usar "llanta" eran los cinco años. Llegado el momento, contábamos con un instructor de lujo, nuestro amigo Marco Antonio "Maco" Morlett, fundador del esquí acuático en Acapulco. Nos llevaba en su lancha a la mitad de la bahía, se lanzaba con nosotros y nos soltaba: a nadar se aprende nadando.

Aunque mi abuela Clara nos había provisto de buenas raciones de arenque, preferíamos los ceviches, cocteles de camarón, pulpos, huachinangos y mojarras. Por unos cuantos pesos comprábamos docenas de almejas, pescadas ese mismo día, por buzos locales. Por las tardes, caminábamos por el Fuerte de San Diego (sin sospechar su importancia histórica), recorríamos el malecón hasta llegar al centro (con su kiosco y su catedral chaparrita, de cúpulas azules). A veces veíamos películas de charros en el Cine Río. A las seis la cita era en La Quebrada: el clavadista escalaba por los acantilados, se detenía a rezar en un altarcito a la Virgen, alcanzaba la plataforma rocosa y, al subir la marea, resorteaba con los brazos en cruz hasta zambullirse segundos después en el agua dejando un remolino. Un minuto después el héroe emergía y trepaba al mirador, rodeado de aclamaciones. 

Hoy las imágenes de Acapulco no son postales: son escenas de angustia extrema y también de solidaridad. Ninguna del presidente. Ninguna de su partido. Los acapulqueños no olvidarán. Tampoco los mexicanos con conciencia cívica, que son legión.

Acapulco dio a mi familia lo mismo que daría a millones de mexicanos: un paréntesis de alegría y belleza en el trajín de la vida. Es hora de agradecerlo con obras. Quizá un nuevo Acapulco, más modesto, más fiel a sí mismo, podrá renacer. Es tarea de todos, activos y unidos.
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11 noviembre, 2023

(Perdón por la mutilación).
Catón escribió  en REFORMA (11/11/2023):
Autócrata
[...]
N
inguna duda cabe de que AMLO es un autócrata. Sólo él tiene razón; posee el monopolio de la verdad, y ninguna otra voluntad puede existir más que la suya. 

Una de las más recientes muestras de su actitud monárquica la vimos cuando dijo que esperaba "atinar" en la designación de quien ocupará en la Suprema Corte de Justicia la vacante dejada por la renuncia de Zaldívar, su obsecuente, obsequioso y obediente personero. 

En este caso el hecho de atinar consiste en que la persona que llegue al cargo sea sumisa a sus dictados. Si no lo hace recibirá el calificativo de "conserva" y será objeto de los constantes vituperios del caudillo. 

López no quiere juristas en la Corte; quiere lacayos y sirvientas. 

Ojalá se equivoque. Ojalá el nuevo ministro o ministra sirva a la justicia y a México en vez de abajarse a servir al autócrata...
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10 noviembre, 2023

Juan Villoro escribió  en REFORMA (10/11/2023):
El zopilote
V
oy a contar una historia que tardé casi cincuenta años en entender.

Todo ocurrió en un lejano taller literario. Cada miércoles fracasábamos en el intento de convencer al maestro de que sabíamos escribir cuentos. Sólo un alumno se salvaba del reproche. Lo llamaré Fermín Arellano. Sus textos eran aprobados sin demasiadas enmiendas y mostraban un rasgo ajeno a los demás: tenía voz propia.

El resto del grupo imitaba a Cortázar, salvo David Zuloaga, cuyo estilo se mantenía en secreto, pues jamás llevaba un cuento.

Fermín no sólo destacaba: lo hacía a cada rato. Cada tercer miércoles, abría el portafolios que usaba en su trabajo como pasante de abogado y sacaba carpetas con documentos legales hasta llegar al fólder rojo que contenía un cuento trabajado con el rigor del que nosotros carecíamos. Su portafolios era una metáfora del taller: la buena prosa coexistía con documentos pésimamente redactados.

Sólo un detalle mitigaba nuestra envidia: Fermín Arellano era insoportable. Nunca decía un elogio ni prestaba un lápiz. Sus párpados, levemente caídos, enfatizaban la mala opinión que tenía del prójimo.

Tal vez su arrogancia habría disminuido en caso de que otro destacara. Nuestra impericia le permitía perfeccionar la estupenda opinión que tenía de sí mismo.

David, en cambio, era tan humilde que desperdició un nombre superior a un seudónimo. Se llamaba León Davídovich, en honor de Trotsky, porque su padre militaba en la Cuarta Internacional. Sin embargo, en una época en que todos queríamos ser escritores rusos, él prefirió llamarse David.

Cuando alguien leía un texto horrible y dolorosamente autobiográfico, la tensión sólo era relajada por un chiste de David. Sus comentarios carecían de sentido crítico, pero resultaban emocionalmente oportunos. Si alguien tosía, él sacaba un caramelo.

Pasaron meses sin que mostrara otra cosa que simpatía hasta que el maestro lo conminó a llevar un texto.

Al siguiente miércoles, Fermín iba a abrir su fólder rojo, cuando el maestro lo atajó, señalando a David, que sostenía unas cuartillas con manos temblorosas. La sesión estaría dedicada al joven que no quiso llamarse León Davídovich.

Para nuestra sorpresa, el relato era estupendo. Aunque fue leído con nerviosismo, transmitió una sencilla maestría. El protagonista era un chico pobre y supusimos que David había pasado por carencias que recreaba con autenticidad. Le llovieron elogios mientras el fólder rojo regresaba al portafolios sin ser abierto.

Una semana más tarde ocurrió el núcleo de esta historia. Con punitiva precisión, Fermín Arellano demostró que David Zuloaga había copiado un cuento del escritor chileno Manuel Rojas, desconocido en México. El inculpado oyó la acusación como un disidente en los Juicios de Moscú. Confesó que su padre tenía un libro de Rojas, confesó que calcó cada palabra, confesó que lo hizo para seguir con nosotros, pues nunca había pensado escribir nada. Abandonó el taller y no volvimos a saber de él. Lo imagino animando reuniones que lo merecían más que nosotros.

Lo peculiar de la historia es que tampoco Fermín regresó al taller. Los cuentos que guardaba en su fólder rojo dejaron de ocurrir. Nunca publicó un libro. De algún modo supe que trabajaba en uno de los muchos tribunales que complican la justicia.

No entendí lo ocurrido hasta que, hace apenas unas semanas, visité la Casa del Agua, en Centla, Tabasco, donde el río Grijalva confluye con el Usumacinta. Recorrimos el delta en una lancha, en compañía del biólogo Juan Carlos Romero Gil, que ha dedicado su vida a la conservación de la naturaleza. Rodeados de pantanos y manglares, nos habló de inundaciones, especies en extinción, la feraz y amenazada vida de los trópicos. Cuando avistamos zopilotes que volaban en espiral, Romero Gil explicó la importancia de las aves carroñeras para purificar la naturaleza: "El que mata un zopilote pierde la puntería", añadió.

La frase llegó como un proverbio. El cazador no debe abusar de su fuerza. Si aniquila de manera inútil, se debilita. Entendí lo ocurrido hace casi medio siglo. Fermín denunció con innecesaria crueldad a David. No le bastaba ser el mejor; necesitaba que nadie más lo desafiara. Derrochó su puntería y no volvió a disparar.

Cada grupo requiere de alguien que preserve la cohesión y elimine desechos emocionales. Sin David, el taller se volvió tedioso. Todos querían ser águilas y faltaba el zopilote.
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06 noviembre, 2023

CManuel J. Jáuregui escribió  en REFORMA (06/11/2023):
¿Humanistas?
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T
otalmente entendible resulta que esté ya en camino a la Capital, al cómodo aposento que usa con cargo a la no ayuda a los damnificados el Tlatoani, una MANIFESTACIÓN de inconformes a exigir ¡AYUDA!

Entonces sí, queremos ver que a estos inconformes les llame "fifís", "conservadores", "neoliberales", manipulados por "buitres" que quieren sacar raja de la tragedia que devastó a Guerrero. Seguramente afirmará el Tlatoani que los manifestantes son "manipulados" por la oposición conservadora que pretende —según él— regresar a la corrupción y a los privilegios de antes.

¿Pero cuál es la realidad? Que ÉL Y SÓLO ÉL es culpable de los males que los aquejan, él generó la manifestación NEGÁNDOSE a apoyar a quienes más lo necesitan, protestan por su propia voluntad, contra un Gobierno CORRUPTO en sus ideas, incapaz de satisfacer las necesidades de la población, obsesionado por el poder y con un absoluto desinterés por mejorar el nivel de vida de los mexicanos.

¡Para ese caso, parece interesarle más el nivel de vida de los médicos cubanos y venezolanos que ha contratado! ¡O regalarle PETRÓLEO a Cuba, antes que ayudar a los guerrerenses desamparados! Qué pudrición, ¿no les parece, estimados amigos?, preferir ayudar a una tiranía extranjera antes que a su propio pueblo.

El descontento que hay en México LO ALIENTA ÉL Y SÓLO ÉL, por lo mismo viene a reventarle en el regazo a su delfina, la señora Sheinbaum, quien todavía ni siquiera es candidata presidencial oficial y anda apagando fuegos por todos lados y agarrando pleitos con los ex Presidentes Zedillo y Calderón en defensa de su amo y señor, el Emperador Lopezuma. Simplemente por decir don Ernesto y don Felipe dos que tres verdades en el extranjero.

Uno, Zedillo, que no quiere ver en la Presidencia de México a embusteros que dividan al País, y el otro, Calderón, que la democracia "está a punto de caer en México". Ambas verdades comprobables, afirmaciones que no admiten —por certeras— respuesta alguna. ¿O es que es justificable mentir y dividir, o atentar contra la democracia?

Vano e insensato intento de Sheinbaum por quedar bien —una vez más— con el Presidente que en los hechos va que vuela para ser considerado el más INHUMANO de la historia mexicana.
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05 noviembre, 2023

F. Bartolomé escribió  en REFORMA (05/11/2023):
Templo Mayor
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AL PARECE que se quedará corta la asistencia del gobierno federal ante los daños por "Otis".

DE LOS 61 mil millones de pesos anunciados para la reconstrucción de Acapulco, resultó que no todo son recursos aplicables pues, para calcular el total, se le sumaron los montos por condonaciones de impuestos que de cualquier forma no se iban a cobrar, pues casi ningún negocio opera en el puerto.

LO MISMO pasa con el no pago de electricidad, que tampoco se está consumiendo por las miles de tomas desconectadas por el huracán.

PARA COLMO, la declaratoria de emergencia que permitiría que la ayuda de otros programas gubernamentales fluyera más rápido ya no comprende a 47 municipios, sólo a dos: Acapulco y Coyuca, y nadie ha explicado por qué de repente desapareció la emergencia en los otros 45.

EN RESUMEN: el dinero será esencialmente para dos municipios; la mitad de los 61 mil millones son condonaciones o dispensas, y los restauranteros, por ejemplo, se quejan de que con 25 mil pesos no levantarán su negocio.
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03 noviembre, 2023

Manuel J. Jáuregui escribió  en REFORMA (03/11/2023):
Megaagandalle
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N
os encontramos en una situación en la que REINA LA IMPUNIDAD, precisamente por el sometimiento impuesto por el Poder Ejecutivo a los otros dos Poderes, el Legislativo y el Judicial. Hemos retornado en cinco años a la "Dictadura Perfecta", una solapada por el Legislativo, que ayuda al Ejecutivo a amarrarle las manos, con todo y sus capacidades, al Poder Judicial.

No queda en México fallo que se acate, ley que se respete o reconocimiento alguno a las fronteras que dividen a los Poderes. Hemos llegado a un punto crítico, en que lo único que nos puede proteger contra la tiranía y el absolutismo es la SOCIEDAD misma.

Si no se da un despertar CÍVICO, si continúan la apatía, el abstencionismo, el desinterés, nada quedará que distinga a nuestro México de Venezuela o CUBA. ¡Adiós libertades individuales, adiós libertad de expresión y pensamiento, adiós la libertad de emprendimiento, la universalidad de la educación y las garantías individuales que nos concede nuestra Constitución! Para cuando nos demos cuenta nos habrá pasado lo que a la rana en la olla de agua sometida al fuego y que llega al punto de ebullición sin que haga intento alguno por saltar.

Como sociedad debemos reaccionar, involucrarnos en el proceso electoral del 2024; imperativo resulta que movilicemos a los ciudadanos apáticos, urge que entienda la opinión pública que vivimos una situación de emergencia, en la que, si no nos ponemos las pilas, puede terminar mal de tal manera que las elecciones del 2024 sean las ÚLTIMAS que tengamos en este México que tanto ha luchado por la democracia.

Sería más que una tragedia perder lo que hemos avanzado en un cuarto de siglo por ser demasiado flojos para detener al autoritarismo que frente a nuestros ojos se ha ido formando, encubierto, engañoso y embustero: disfrazándose el lobo hambriento de manso e inofensivo corderito. Siendo que es todo lo contrario: lobo malo, de malolandia, con intenciones perversas.

Estos políticos con inclinaciones totalitarias que hoy nos dominan le dicen a la gente lo que ésta quiere escuchar, pero hacen lo contrario, y poco a poco han ido acabando con la independencia y la solidez de nuestras instituciones democráticas.

¡Despertemos, ciudadanos, pues si no, nos destruirá el peor de los desastres: la tiranía!
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Opinión

También 'carrancearon' a la ínclita "Ministra del pueblo" Sin rodeos Diego Fernández de Cevallos ...