Denise Dresser escribió en REFORMA (13/11/2023): La indecencia [...]
Hoy Zaldívar es un político más, de esos que el Presidente ha tildado de "ambiciosos vulgares", con un nombre ensombrecido, y una fama fatídica en su gremio. Alguien cuya valentía frente al pasado quedó enterrada por la sumisión del presente. Alguien convencido de que está "haciendo historia" al prestarse a la cruzada política contra la Corte. Un traidor a sí mismo que no busca mejorar la justicia, sino asegurar su subordinación al partido-gobierno. Stephen Breyer escribe en La autoridad de la Corte y el peligro de la política, que la función de la Corte es decirles a los gobiernos —con base en la Constitución— lo que pueden y no pueden hacer. La tarea de la Corte es "ofrecer protección a los ciudadanos contra acciones del gobierno que son arbitrarias, caprichosas, autocráticas o tiránicas". Las cortes realmente transformadoras son las que establecen límites al abuso de poder, del Ejecutivo o el Legislativo. Eso no puede ocurrir si los ministros abandonan sus cargos para alinearse con un Presidente, o validan sus excesos, o le son leales a una persona por encima de la ley. Zaldívar será juzgado por la complicidad que estableció con una camarilla política que no busca "democratizar" a la Corte, sino acabar con ella. Esa será la única medida del hombre y su legado. Y ojalá cada vez que alguien se cruce con él en la calle o de compras en Nueva York, lo confronte con la pregunta hecha al infame Joe McCarthy: "¿No tiene ningún sentido de la decencia?". ••—• •• —• |
13 noviembre, 2023
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Opinión
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