Sergio Sarmiento escribió (El Imparcial, 07/08/2023): Libros sin humanismo [...] N o es fácil hacer libros de texto. Los especialistas disputan constantemente sobre los contenidos. Apenas una década después de los de Torres Bodet, Luis Echeverría lanzó una reforma educativa que culminó con la Ley Federal de Educación de 1974 y la elaboración de nuevos libros. No me preocupa que haya debate; en una sociedad libre, siempre habrá discusiones sobre los contenidos de los libros escolares. Me inquieta que los nuevos hayan sido elaborados en secreto, con información reservada durante cinco años. Algo quieren ocultar quienes los hicieron.
Los expertos ya han cuestionado muchos aspectos de los nuevos libros. Nos dicen que fragmentan el conocimiento y lo presentan en una serie de viñetas que mezclan sin hilo conductor todo tipo de información. Ya no hay libros de matemáticas, de español o de ciencias naturales. En Nuestros saberes, volumen para primero de primaria, al capítulo sobre "Autoridades", que nos dice que "Es importante señalar que los seres humanos tienen libertades, pero estas no están por encima de las reglas y los acuerdos", le sigue otro sobre "Características de la conversación cotidiana", cuyo propósito parece ser decirnos que expresiones como "Sal para afuera" y "Subir para arriba" son correctas. Incluye un recuadro, incomprensible para un niño de primero de primaria, que señala: "Esta /s/ busca regularizar la forma del pretérito perfecto simple al del resto de los verbos en segunda persona". En otras palabras, no es incorrecto pronunciar "dijistes", como López Obrador. En Múltiples lenguajes se encuentra un capítulo sobre Nacho López, el fotógrafo, a quien admiro, pero no veo como protagonista de un libro de texto de primero de primaria, seguido de otro sobre el "Axolote, el sonriente anfibio mexicano".
El contenido científico y matemático es escaso y débil; preocupa en un mundo en el que la ciencia y la tecnología son cada vez más importantes. Es una decisión y no un olvido. El Libro sin recetas para la maestra y el maestro, Fase tres, advierte que "este nuevo sujeto, el animal laborans, ha perdido el rumbo y no es capaz de reconocer las prácticas de poder y control que se ejercen sobre él. Acepta ser su propio verdugo, asumiendo dinámicas de autoexplotación para alcanzar el rendimiento óptimo que le garantice el éxito en este sistema de consumo". Los nuevos libros critican a ese individuo que se esfuerza con su trabajo para mejorar y alaban los "saberes comunitarios heredados". [...]
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